¿Y SI VOLVEMOS A SER NIÑOS?
Por qué y cómo reconectar con nuestro niño interior
“En cada hombre real se esconde un niño que quiere jugar.”
Friedrich Nietzsche
Dentro de cada uno de nosotros vive un niño interior. Es la versión más temprana de quienes somos: sensible, espontánea, creativa y profundamente emocional. Es ese niño que siente sin filtros, que a veces no sabe cómo expresar lo que le pasa, pero que sigue ahí, incluso cuando la vida adulta lo ha cubierto de responsabilidades y silencios.
Con el paso del tiempo, entre obligaciones, exigencias y rutinas, solemos perder contacto con esa parte esencial. Sin embargo, el niño interior no desaparece: espera. Y cuando lo ignoramos demasiado, suele manifestarse en forma de cansancio emocional, rigidez, tristeza o desconexión.

Reconectar con nuestro niño interior no es un acto ingenuo; es un proceso profundamente sanador. Volver a lo lúdico nos permite recuperar la alegría, la curiosidad y la capacidad de disfrutar sin culpa.
Una forma sencilla de empezar es retomar el juego. Permítete hacer actividades que te divertían cuando eras niño: jugar, reír, moverte sin un objetivo productivo. El juego no es pérdida de tiempo; es nutrición emocional.
Otra vía poderosa es reconectar con la lectura y la imaginación. Volver a la literatura infantil, releer libros de la infancia o compartirlos con hijos o nietos despierta memorias, emociones y sensaciones que siguen vivas en nosotros.
La naturaleza también es una gran aliada. Caminar descalzo sobre la tierra, respirar aire fresco, observar los detalles simples —el canto de un pájaro, el movimiento de los árboles— nos devuelve a un estado de presencia y asombro muy similar al de la infancia.
La escritura es otro camino profundo de conexión. Escribirle una carta a tu “yo niño”, recordarle que sobrevivió, que hoy estás aquí para cuidarlo y protegerlo, puede ser un acto de enorme reconciliación interior. No se trata de borrar el pasado, sino de mirarlo con compasión.
Respetar y honrar a nuestro niño interior fortalece la relación con nosotros mismos y con los demás. Nos devuelve la ternura, la creatividad y la capacidad de sentir sin armaduras. Cuando esa parte vuelve a tener espacio, el bienestar deja de ser una idea abstracta y se convierte en una experiencia viva.
Desde mi experiencia, reconectar con el niño interior es recordar quién eras antes de aprender a sobrevivir. Y ese recuerdo, cuando se integra con conciencia, puede transformar profundamente nuestra salud emocional y nuestra forma de habitar la vida.
VIRGINIA VELARDE ZANATTI